Miradas - Lilia

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Dicen por ahí que cuando haces las cosas con amor, es más sencillo y también lo que más se valora. En mi caso, puedo decir que soy demasiado afortunada porque, a pesar de las adversidades, puedo combinar mis dos pasiones: el marketing y correr.  

Recuerdo cuando le dije a mis padres que quería ser mercadóloga: “¿De qué vas a vivir? Mejor estudia otra cosa”, fue lo primero que escuché. Sin embargo, no dejé que esos comentarios influyeran en mí; al fin al cabo la que iba a enfrentar las consecuencias de esa decisión iba a ser yo. Así que, a pesar de todos los intentos para disuadirme, me inscribí en la Licenciatura en Marketing.

Así fue como conocí mi segunda pasión: una tarde al salir de la biblioteca del campus vi un cartel de una carrera organizada por la Universidad. Pensé que sería divertido participar y me inscribí, además me ayudaría a mejorar mi condición física.

Las primeras semanas de entrenamiento fueron duras, con mucha fuerza de voluntad me despertaba temprano para salir a correr y adquirir poco a poco la condición necesaria. Además, con ayuda de mis amigas que estudiaban Nutrición encontré una dieta acorde a mi nuevo estilo de vida.

Con el paso del tiempo el esfuerzo se convirtió en pasión y el mejor hobbie para olvidarme del trabajo y el estrés de la vida diaria. Al paso de los años encontré a un acompañante perfecto: mi perro. Desde entonces, las mañanas se han convertido en una cita obligada a la que no tengo permitido faltar por ninguna circunstancia.

La moraleja de mi historia es que la única persona a la que tienes que darle gusto es a ti misma, nadie más. No importa si dicen que estás perdiendo el tiempo, mientras te sientas bien contigo misma nada más importa.

Come bien

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